viernes, 10 de julio de 2009

La siesta

La Tía Amapola descansaba tranquila en la hamaca. Ahí, acostada a la sombra de los árboles del rancho, el calor se hacía menos. Caía bien tomarse unos días en la sencillez del campo: el horizonte claro, la naturaleza rústica y la casi soledad era lo que necesitaba para descansar de sus mil doscientos alumnos que tanto le exigían de lunes a viernes y de su madre que nunca en la vida supo darle tregua.

Ahí estaba, sola y tranquila entregada al arrullador sonido de los pastos meciéndose con el viento cuando un cascabeleo escalofriante se sumó al paisaje. La Tía Amapola abrió de golpe sus ojos y, dejándose llevar por algún adormilado instinto yaqui, los fue llevando hacia donde provenía el ruido. Con el cuerpo duro y el cuello torcido, se topó con lo insospechado: ahí, a veinte centímetros de sus carnosas caderas, descansaba con ella una víbora cascabel. No le hacía falta demasiada experiencia como para darse cuenta de que si ella intentaba incorporarse, esas carnosas pompas serían la puerta de entrada para el fatal veneno. Así que ahí se quedó, quietecita, aterrada y sola esperando el milagro de que alguien se apareciera.

De pronto, como un gran golpe de suerte, pasó no muy lejos de ella un campirano a caballo: Era uno de los peones del rancho que se encargaba del ganado que ya había visto un par de veces cerca de la casa. No se animó a gritar, no quería levantar la voz o algún movimiento brusco que pudiera despertar la amenaza que tenía debajo. Así fue como,, acostada como estaba, le chitó al hombre del sombrero:

-¡Pst, pst!

Primer intento fallido. Repitió la voz:

-¡Pst. pst!

Esta vez el charro se percató del sonido y buscó a quien le llamaba con tan inusual discreción. Descubrió, allá debajo de los árboles y echada en una hamaca, a una señora de mediana edad con una indiscutible pinta citadina. La señora le dedicaba una tímida sonrisa mientras se llevaba el dedo índice bien derechito al frente de la boca pidiéndole silencio. Una vez que aquietó al caballo, la dama retiró el dedo de su boca y formó con él un ganchito que se abría y cerraba como cuando alguien quiere decir “ven, ven, ven”. El campirano no podía creer su suerte, ¿de verdad debía acercarse y aceptar la invitación que la exótica mujer de hacía?

El hombre no reaccionaba con la rapidez que esperaba la Tía Amapola y no podía dejar que simplemente se siguiera de largo, ¡porqué no se bajaba del caballo! ¡Más información, necesitaba darle más información: Llevó por encima de su cuerpo el mismo dedo bien estiradito hacia la altura en la que se encontraba la víbora: la parte baja de su cadera. Luego, para indicar de qué bicho se trataba, metió y sacó repetida y rápidamente la lengua, Estaba tan orgullosa de su capacidad histriónica y tan segura de que todo llegaría a buen puerto que volvió a repetir una y otra vez, en una forma suave y rítmica las instrucciones con el dedo: avance en silencio, mire que debajo de mío tengo una víbora.

El desconcertado jinete vio pasar su vida en tres segundos. ¿Aquella mujer de falda ceñida, y pelo pintado podría estar proponiéndole a él, un hombre sencillo de campo, que le hiciera favores orales en tierras del patrón? ¿no estaba él para servir y obedecer? ¿el problema sería negarse o el problema sería el complacer? Muy lentamente bajó de su caballo y sin terminar de resolver sus dudas se fue acercando de a poquitos.

Su mente se despejó de golpe cuando la distancia se acortó lo suficiente como para descubrir que entre los pastos, justo debajo de ella, una víbora de cascabel tenía de rehén al la fuereña. Sintió los colores explotar de vergüenza en su cara y arremetió para salvar a su fugaz doncella de aquel maldito dragón rastrero.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Soraya, por favor, nunca me había reído tanto. Esres un genio. Pobre tía Amapola. Te quiero. Mónica

claudia dijo...

jajajajajaja!!!! me hiciste la tarde, después de haberme zurrado encima (literalmente) este es lo mejor que me paso el día de hoy. Gracias como siemre

Cala dijo...

Hola Soraya , soy Claudia la "nueva" del taller, encontre tu blog navegando por el de Gabriela, y encuentro el esta historia de la Tia Amapola que es espectacular.

Me inclui como tu seguidora, asi que podes visitarme cuando gustes.
( De ïtaca a vos ).
nos vemos